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¿CONOCE LA ETIQUETA DE EFICIENCIA ENERGÉTICA?



Entre las características que tenemos en cuenta a la hora de comprar cualquier aparato eléctrico solemos dar preferencia a sus prestaciones, su estética, su precio, su durabilidad, la fiabilidad de su marca, etcétera. No obstante, uno de los últimos aspectos que valoramos es el coste del consumo eléctrico que dicho aparato nos supondrá a lo largo de su vida útil.

En la Unión Europea, disponemos desde hace 10 años de una herramienta que nos permite comparar modelos y marcas en función del consumo de energía necesario para su funcionamiento; ésta se llama etiqueta de eficiencia energética. Consiste en una escalera alfabética, donde se otorga la letra A a los aparatos más eficientes, es decir, a los que consumen menos energía, y la letra G a los que tienen el mayor consumo eléctrico. Cada letra se identifica con un color, asignando tonalidades verdes a los más eficientes y rojas a los que lo son menos.

Existe una amplia gama de productos que están identificados con esta etiqueta, como bombillas (las incandescentes tradicionales tienen la letra F o similar, las fluorescentes y los compactos de bajo consumo suelen ser de eficiencia A o B), aparatos de aire acondicionado, lavadoras, frigoríficos y congeladores, lavavajillas, vehículos a motor...

Gracias a la implantación de este sistema de etiquetado obligatorio, los fabricantes han sacado nuevos modelos que alcanzan una mayor eficiencia energética, con una mejora del 30% en el caso de los frigoríficos entre los años 1996 y 2000. Por este motivo, desde el año 2003, se han añadido a la escalera dos nuevas categorías, la A+ y la A++, que alcanzan niveles de eficiencia aún más altos.

Aunque los aparatos de las categorías de mayor eficiencia son más caros, si compramos los del nivel A, acabaremos ahorrando dinero durante todo el ciclo de vida del producto gracias al menor consumo de energía (la diferencia de precio se amortiza en unos dos años de uso).